Diálogo de pitufos (segunda carta abierta a una militante anticapitalista)

Diálogo de pitufos (segunda carta abierta a una militante anticapitalista)

Querida compañera, además de la anteriormente dirigida a ti (Un poco de aire, 18 de mayo de 2016), en los últimos meses he remitido sendas cartas abiertas a viejos camaradas y amigos muy queridos, como Santiago Alba Rico, Iñaki Errazkin, Carlos Fernández Liria o Willy Toledo. Ninguno de ellos se ha dignado a contestarme, y solo se me ocurren dos posibles explicaciones: o no creen que valga la pena hacerlo, o no se atreven. Y en el caso de que no se atrevan, no será por falta de capacidad dialéctica, de la que todos ellos andan sobrados, así que solo puede ser por escasez de argumentos. Y si algo no puede permitirse un intelectual de izquierdas (valga la redundancia, pues “intelectual de derechas” es una contradicción in términis) es quedarse sin argumentos y no hacer nada al respecto, caer en el cogitus interruptus, eludir el diálogo, ese diálogo con los demás y con los hechos objetivos -los obstinados hechos- que es el único camino hacia el conocimiento, del mismo modo que la lucha contra los poderes establecidos -la lucha de clases- es el único camino hacia la libertad. Por eso tengo que empezar diciendo que me parece muy preocupante que la única respuesta digna de ese nombre -la única que invita al diálogo- que he recibido últimamente sea la tuya, que te agradezco muy sinceramente y a cuyos argumentos intentaré responder lo mejor que pueda.

Empezaré por una observación, más que un argumento: dices, y me temo que es cierto, que “el insurreccionalismo anarquista está haciendo estragos y cualquier cosa que huela a intelectual, análisis o reflexión va a parar a la hoguera”. Y me temo que la culpa es más de los “intelectuales” (un término que siempre habría que poner entre comillas) que de los anarquistas (con o sin comillas), cuyos “estragos” están, en muchos casos, sobradamente justificados. Durante la farsa de la “transición”, el PSOE y el grupo PRISA, aliados naturales (o contra natura, según se mire), pusieron especial empeño en montar un frente cultural (escritores, cineastas, periodistas, tertulianos…) falsamente progresista destinado a hacerles creer a millones de analfabetos políticos que esto es una democracia, y hay que reconocer que lograron su objetivo; se dieron cuenta de que es más fácil -y sale más barato- comprar a los “intelectuales” que reprimirlos, y a los pocos que no se dejaron comprar, los silenciaron por el expeditivo método de no darles acceso a los medios de comunicación ni a la industria cultural. Con rarísimas excepciones, como Eva Forest y Alfonso Sastre, las grandes figuras de nuestra cultura fueron estabuladas o acorraladas, por lo que es más que comprensible que quienes luchan en las calles y sufren en carne propia los rigores de la represión, no quieran saber nada de los “intelectuales” al uso.

Dices más adelante: “Coincido con tu análisis, seguro que [el ascenso de la seudoizquierda] no es bueno para la clase obrera, que estará más lejos de su empoderamiento real; pero es que creo que seguramente nos debemos una reflexión acerca de dónde se encuentra esa clase obrera, qué tan lejos y tan cerca y cuánto es que sale a las calles”. Vale, de acuerdo, hay mucho que reflexionar sobre la clase trabajadora, sobre la conciencia de clase y la habilidad con que los poderes establecidos han conseguido adormecerla con los cantos de sirena del “Estado de bienestar”… Pero sobre dónde se encuentran la mayoría de trabajadoras y trabajadores no cabe la menor duda ni ambigüedad: bajo la bota de hierro de un capitalismo cada vez más brutal, y no seré yo quien les diga cuánto ni cuándo tienen que salir a la calle. Lo fundamental es que las trabajadoras y los trabajadores se organicen al margen de los grandes sindicatos corruptos, y experiencias como la del SAT demuestran que no solo es necesario, sino también posible.

Por último, me preguntas: “Entonces, ¿cuál es la salida? Por lo que decís no hay salida, me refiero a lo electoral… Mi pregunta es: ¿Qué hacemos mientras?”. Vaya, esto parece preparado de antemano, pues me das pie para parafrasear a Bécquer, uno de mis poetas favoritos: ¿Qué hacemos mientras? ¿Y tú me lo preguntas? ¡Pues lo que tú haces, sin ir más lejos! Estás haciendo posible la continuidad de un órgano de contrainformación imprescindible en estos momentos, y ese, el de los medios alternativos, es uno de los frentes de lucha más importantes; de lucha y de empoderamiento popular, puesto que la información es poder. A otros niveles, como el cultural, el sindical o el de las organizaciones políticas propiamente dichas, no faltan los ejemplos válidos, pese a sus defectos y sus excesos: el CAUM, editoriales como Hiru o Txalaparta, revistas como Boltxe (por cierto, no te pierdas su último editorial), el ya citado SAT, la CUP, Red Roja, Izquierda Castellana, el PCPE… Y, por supuesto, la Izquierda Abertzale (o al menos una parte de ella), prueba irrefutable de que en el corazón mismo de la bestia, en plena Europa del capital y de la guerra, se puede articular una fuerza popular, revolucionaria, capaz de poner en jaque a dos Estados fascistas. En cuanto a la supuesta “salida electoral”, efectivamente, ahora mismo no la hay, por más que algunos desertores se llenen la boca con palabras fetiche como “táctica” o “sorpasso”, que en el actual contexto parlamentario no tienen el menor contenido. Y si desertores te parece una palabra demasiado fuerte, llamémoslos pitufos (término invocado por el propio Pablo Iglesias en algunas de sus intervenciones más sonrojantes).

Porque, del mismo modo que los españolitos españolean, los pitufos pitufan: los discursos de ambas subespecies de enanos azules empiezan y terminan en sí mismos, confinados como están en su pequeño mundo endogámico y tautológico. Y el diálogo de pitufos, que es la versión posmoderna del tradicional diálogo de besugos, no es ni puede ser otra cosa que una mera acumulación de monólogos ensimismados e inconexos. Lo que Marcuse denominaba la clausura del universo de discurso parece haberse consumado plenamente, en la medida en que ese discurso encerrado en sí mismo es el único que difunden los grandes medios, lo que para la inmensa mayoría de la población significa que es el único que existe. Y lo más alarmante es que los supuestos “intelectuales de izquierdas”, con rarísimas excepciones, han asumido la lógica del poder y, en el mejor de los casos, intentan rebatirla a partir de sus propios axiomas (que es como, pongamos por caso, pretender defender los derechos de los animales no humanos sin renunciar al carnivorismo). Por eso es tan importante desespañolear y despitufar el discurso político, desmontar el hueco diálogo de pitufos y recuperar el diálogo platónico, la dialéctica de Hegel y de Marx. Por eso es tan importante tu lucha mediática, querida compañera. Por eso es tan importante nuestra lucha al margen de las urnas, de unas supuestas urnas electorales que en realidad son urnas funerarias.